Lo primero en lo que puedo pensar, es en disculparme.
Que me perdonen las teclas empolvadas; que por favor no me decapite el filo de la distancia entre la fecha del último escrito a la de hoy.
Por favor que mis manos no me castiguen y sepan responder a la velocidad y la melancolía de la mente.
Quisiera decir que no he tenido tiempo para escribir pero, sinceramente, lo que no he tenido es el valor.
Decir que la felicidad me sienta a escribir, sería mentirles. Los momentos en donde más me fluye el verbo es cuando más dolida me siento. Me gusta estar aquí y moverme sutilmente entre lo que me aqueja, tocar donde duele y saber por qué duele.
No quiero decir con esto que los últimos meses hayan sido carentes de tristezas o preocupaciones. Estoy completamente segura que tenemos una habilidad compartida: mientras el corazón estalla de amor, la mente puede girar, agotada, sobre un mismo eje.
Hay muchas partes de mi que todavía no conquisto, espacios en los que habito pero me muevo como en territorio enemigo. Sin embargo, una victoria que me puedo atribuir con mucho orgullo, es la capacidad de reconocer el sentimiento de abandono que me invade al saber que estoy cerca de todo, pero lejos de mi.
A veces no quisiera jactarme de que podemos hacer varias cosas a la vez, porque he notado con el paso del tiempo –del corto tiempo que implica mi vida– que, en efecto podemos hacer muchas cosas en paralelo, con el inconveniente que eso, en la mayoría de los casos, implica dejarnos al final de la lista.
Cuando digo «dejarnos» quiero que se entienda de forma literal.
Dejarnos como cuando a una se le olvida que algo o alguien existe.
Dejarnos como la acción de meterte cuanta cosa se te cruza por las manos, hasta que ya no queda espacio para sostener una más.
Dejarnos como cuando nos olvidamos de hacer lo que amamos, lo que nos apasiona y que hacemos por el simple hecho de sentir que el alma vibra, aunque sea un desperdicio de tiempo y espacio ante los ojos de un mortal.
He dejado de escribir, y publicar este texto es, sin duda, mi declaración de tregua para hacer las paces conmigo misma.
-CC
