Una respuesta en automático

Me pido perdón por todas las cosas que yo misma me he negado.

He pasado mucho tiempo tratando de cambiar las cosas a mi parecer, y me ha costado mucho aceptar que hay cosas que nunca serán como me gustaría que fueran.

Aparentemente es una lección de vida simple y sencilla, pero no lo ha sido para mi.

 

Ya he perdido la cuenta de cuantas veces le he hecho la misma pregunta a la vida, a Dios, al universo. Hoy los 3 se me ríen en la cara, creo que ya no saben como más decirme que la respuesta es “no”.

 

En medio del agradecimiento que siento por la claridad que trae la respuesta, se me cuela un aire de vergüenza.

Hay una parte de mí que se siente avergonzada por dudar, por esperar.

Es esa misma parte de mi que sigue creyendo que hay una vida en México esperándome, que hay una vida junto a él esperándome.

 

Esa parte me ha quitado tanto.

Yo misma me he negado tanto, he querido repetir la lección una y otra, y otra vez, como si no me fuera suficiente todo lo que ha pasado, como si necesitara una confirmación sobre la confirmación.

 

Yo misma me he hecho perder tiempo y me he acostumbrado a que el panorama se vea así, en una nostalgia constante por lo que no fue, nublado por intenciones y palabras que ya ni cuentan, que están tan desgastadas que hasta pierden su significado.

 

Se me ha hecho costumbre este sentimiento de espera.

Esperando qué Camila,

¿qué putas estás esperando?

 

Hoy honestamente no sé qué estoy esperando.

Simplemente me acostumbré a tener ese sentimiento dentro, ese sentimiento que ya solo ocupa espacio, como un mueble viejo y arrumbado, lleno de polvo y telarañas.

Porque si, a veces nos acostumbramos a vivir revolcados en la mierda, y ese ha sido mi caso.

 

Se me hizo costumbre seguir pensando que la vida aún nos debe algo.

¡Carajo! La vida no nos debe nada.

La vida nos dio lo que necesitábamos en el momento preciso.
La vida nos regaló una chispa de caos que detonó movimiento y revolución.
¿Y nosotros?, bueno, nosotros en torno a eso construimos un mundo que no termina de tener cabida en la realidad.

 

Hoy me he dado cuenta de que las cosas para nosotros han sido simples la mayor parte del tiempo, pero yo lo he complicado todo, los dos de hecho.

Qué necia y qué caprichosa.

 

escribiendo después de un suspiro largo y profundo, como esos que salen cuando estás harta y exasperada.

 

Este sentimiento de espera poco aporta y por el contrario, desgasta mucho.

Creo que es momento de limpiar esta casa, de tomarme el tiempo de remover el polvo de las esquinas, de encontrarme cara a cara con esos muebles viejos y arrumbados, tirarlos y quitarme su peso de encima.

 

 

 

-CC

Para recordar que la vida, a veces tiene la sutileza de un cañon para responder a mis preguntas.

Gold Coast, Australia.

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