Mantenimiento al alma

Es verdad, siempre tengo el pendiente de escribir.

Pero escribir sobre ti, escribir para ti ha sido ese botón titilando que nunca se apaga.

Es como si mi corazón tuviera tantas cosas por decir, que ni siquiera yo las sé. Esto es un asunto netamente entre mi corazón y tu, entre mi corazón y tus recuerdos.

 

Desde que deje la ciudad, cada que vuelvo, Bogotá siempre tiene ese tonito amargo, ese saborcito que no termina de ser agradable.

Tengo mis motivos.

 

Tenía que ser como las 12 del mediodía, quizás del 23 o 24 de enero. 

…siempre tengo que contar hace cuantos años te fuiste, es como si mi mente reseteara ese número un segundo después de que con ayuda de los dedos cuento el tiempo que ha pasado.


Bueno, 12 años atrás, era una mañana de enero del 2012, recuerdo que la ciudad estaba soleada pero yo no sentía calor.

No puedo recordar la ropa que estabas usando, pero seguro tenía que ser ese camisón de flores moradas, era de lo poco que te quedaba por esos tiempos y lo único cómodo que una panza de 9 meses podía tolerar. 

 

La primera vez que escribí sobre este día fue en un taller de escritura.

—Escribe sobre una herida que haya sido más puerta que ventana, dijeron,

Yo llevaba mi mente dispuesta a escribir sobre un divorcio fresco y una depresión a causa de.

Pero mi mano simplemente comenzó a deslizarse sobre el papel y sacó, desde lo mas profundo los recuerdos de esa mañana de enero.

 

Hay tanto sobre ti que no quiero olvidar, y hay tanto sobre ti que ya olvidé, que si tengo que sentarme a escribir cada día que recuerdo haber pasado a tu lado, lo haré, porque es muy probable que cuando cumpla 80, estas líneas sean lo único que me quede de ti.

Bueno, estas líneas… y este montón de pecas que me adornan la nariz. 

 

No recuerdo mucho de lo que hablamos durante el camino, pero si es imposible olvidar que la nostalgia bañaba ese día. 

Claro, hoy entiendo, era eso lo que no dejaba que los rayos del sol me calentaran, era eso lo que me formaba el nudo en la garganta esa mañana.

 

Me pregunto si el gordo recuerda haber sentido algo diferente ese día, me pregunto si él, al momento de despedirse de ti sintió también ese vacío en el pecho.

 

Llevaba días pensando en que no debía hacer ese viaje, la idea de no estar contigo ese día no me dejaba sentir tranquila.

Hoy sé que tú lo sabías, que estabas tan asustada por lo que venia que querías que para ese momento yo estuviera lo más lejos posible. 

 

Estuvimos de pie sobre esa avenida un buen rato. Creo que eran nuestros corazones tratando de alargar la despedida.

Y entre tantas cosas que, asumo, ese lugar ha tenido que ver pasar, puedo jurar que nosotras le concedimos el honor de presenciar su mejor “ultima vez”.

 

Con mucha alegría me miraste a los ojos y dijiste:

-Piensa en que vas a ver el mar por primera vez, cuando regreses nosotras te vamos a estar esperando.

 

Solo toque el mar una noche a tientas, donde a simple vista parecía un charco de aguas negras y al volver, no había un nosotras, no me estabas esperando.

 

 

 

 

-CC

Del día que entendí lo que significa “una herida mas puerta que ventana”

Gold Coast, Australia.

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