¿Escritora o Impostora?

Qué increíble hasta donde ha llegado todo esto con la escritura, es una locura lo que me hace sentir.

Es un sube y baja de emociones, es un: “Camila, que precioso escribes”, que enseguida se tropieza con un “no, pero yo no soy escritora”.

El arte de escribir me inspira un respeto tan profundo que me siento atrevida cada vez que me encajo bajo ese título.

 

No me pregunten cuántos libros me leí en la primaria, ni de escritores, ni de estilos narrativos.

He empezado cinco veces Cien años de soledad y cinco veces lo he soltado a la mitad. Aquí lo único que puedo decir en mi defensa es que, cada vez que leo un capitulo de Isabel A., siento cómo a mis manos llega la urgencia de encontrar un papel y sentarme a escribir.

 

Me cuesta mucho sentirme torpe; hay muchas cosas que he dejado de hacer por pena. Escribir no ha sido una de esas. 

Me gusta soltar lo que escribo, confiar en la inteligencia del que me lee y dejarme ser entre lineas sin tener que explicarme o justificarme. 

Cada quien que me interprete según los ojos que tenga.

 

Me enamoro de mí cada vez que releo una entrada del blog. Me encuentro valiente, inteligente, necia, caprichosa.

Conozco una Camila diferente en cada texto: la que ama desmedidamente y sin control, la que sabe mentir como un dios, la que disfruta del sexo y se expresa sin miedo sobre la urgencia del deseo, la que busca sentirse chiquita entre unos brazos, la que conspira golpe de Estado contra sí misma y se reprende sin piedad.

 

Me fascina todo lo que la escritura me ha regalado. Me parece increíble de dónde la escritura me rescató.

 

Que me perdonen los que verdaderamente escriben.

Yo solo estoy jugando.

 

 

 

-CC

Esto fue un: first draft, last draft.

Gold Coast, Australia

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